miércoles, 28 de diciembre de 2011

L'AUBERGE ESPAGNOLE (UNA CASA DE LOCOS)



Esta entrada está dedicada a todos mis amigos de Tampere, mi destino Erasmus. Pero también a todos aquellos que están lejos de sus hogares. Incluso a los que han tenido que irse a otra ciudad para buscarse la vida. Y por qué no, a todas esas personas que han decidido dar un paso adelante en su vida, salir de su burbuja  y conseguir el privilegio de conocer otras culturas y gente.

Porque de eso trata L’auberge espagnole (2002). De culturas y gentes. Y concretamente de gente joven que empieza a despertar en el mundo real, donde anhelamos encontrar a nuestro amor y verdaderos colegas en los que apoyarnos. Y es por eso que la frase “top” de la filmina cobra un sentido absoluto: "No, no es una historia de aviones que despegan. Aunque sí es una historia de despegues."


Creo que ésta no será una idea en voz alta sobre las características propias del film. Este espacio lo quiero dedicar a lo que significó en su día (y sigue significando) esta película para mí. A los sentimientos, risas y tristezas que con ella me surgen. Y es que cualquiera que haya vivido la experiencia de ese año tan famoso, se sentirá inmediatamente identificado con cualquiera de los personajes de la película. 


Cabe destacar que en su día fue un pepinazo en Francia. De hecho, la susodicha beca Erasmus debió de ser ninguneada por nuestros vecinos hasta la muestra de lo que podía llegar a ser. Incluso, he leído que al año siguiente del estreno, las peticiones de la misma aumentaron una barbaridad. Y es que el cine siempre sirvió para movilizar a las masas.


Centrémonos un segundo en el contexto. Presentamos a Javier: un estudiante francés de económicas que se empieza a plantear su futuro. Un futuro, por cierto, muy definido: novia totalmente comprometida, un gran trabajo en ciernes en la comisión europea,… . Sin embargo, toma la decisión de realizar el último año de la carrera en Barcelona con la Beca Erasmus. Y es aquí donde verdaderamente comenzará su vida. Amistad, deseos, celos, estudios, mucha farra,… . Todos los placeres y putadas de la vida se concentran en un año, y durante este tiempo su existencia cambiará radicalmente.


Todo hay que decirlo. La película tiene demasiado buenrollismo. Es decir, la vida en general es genial, pero tampoco sacan el barro auténtico. Porque no nos engañemos: durante este año hay también muchas broncas, puñaladas, algún que otro accidente,… . En L’auberge espagnole hasta los momentos más dramáticos surgen de situaciones de puta madre (tener como amante a una mujer recién casada y que además está buenísima, no te da para ser un desgraciado precisamente). 


¿Y que decir de los compadres y comadres que nos acompañan en esta miniaventura?. Sinceramente son los que dan verdadero sentido a este auténtico lío. Y lo mejor de todo es que los personajes del film corresponden perfectamente a lo que hemos podido vivir en vivo y en directo. Otra cosa no, pero la filmina está repleta de clichés. Momentazo en el que nos presentan una habitación compartida entre un italiano y un alemán. Os podéis imaginar cómo son ambas leoneras, verdad?. La noche y el día.

Pero no solo eso. Todos los momentos top de este año se plasman con una veracidad absoluta. La visita de los novi@s oficiales, o la de los herman@s que acaban siendo uno más de la familia (sin duda, los más borrachos por envidia que sienten del que está allí viviendo). Líos dentro del grupo, l@s mojigat@s de turno, una casa que parece un estercolero, los estudios que no terminan de arrancar del todo,… . Seguro que ahora mismo, mucha gente está con la sonrisa puesta con constantes flashbacks.

Y para más inri, la estética de la pinícula casa ferpectamente con ese estilo de vida. Comenzando con una forma muy videoclipera, imprimiendo un ritmo veloz (esas prisas por rellenar las applications, esos visados, esas compras de última hora,…), poco a poco desaceleramos, degustando como reyes los pequeños placeres de la vida. Y de repente, otra vez la petamos: juergas, risas,… . El señor Cédric Klapisch nos maneja a su antojo. Nos trae y nos lleva como quiere. Y el experimento le sale fetén.

Si podéis, os aconsejo que os la pretéis en V.O. Es muy gracioso ver a franceses hablando español, italianos hablando inglés,… . El espíritu de autosuperación por tratar de comunicarse es genial, y más si lo dice un español, juas.


Y hasta aquí podemos leer. ¿Por qué?. Porque no hay mucho más que decir. No es una película de estudio. Es ante todo una filmina para disfrutar, reírse, sentirte un poco triste en la despedida, y recordar viejos tiempos.

Pues eso. Disfrutarla con salud. Y si ya la habéis visto, repetir vivencia que sé que os gustará, perracas.

Ale. Sed buenos. Portarse bien.

lunes, 19 de diciembre de 2011

PROMESAS DEL ESTE (EASTERN PROMISES)



Promesas del este (2007) es la mejor película sobre mafia que he visto en mi vida desde las dos primeras entregas de El Padrino. ¡Ahí queda eso!. ¿Y cómo se me ocurre soltar a la brava semejante afirmación?. Porque lo tiene todo, ladies and gentlemen!.

Estaba hasta los cojones de tragarme supuestos reflejos de la vida “real” de estas familias tan singulares. Siempre bajo el supuesto “cliché” de comedores empedernidos de espagueti, yonkis de las apuestas y hermandad sin límites. Joder, esa yo lo vimos hace más de 35 años, cuando el tito Coppola nos enseño lo que era cine del bueno.

Promesas…es un puñetazo en la cara. Esto es la verdadera mafia. Lobos con piel de cordero. Aquí no hay cabida para el amor fraternal. Te hacemos de los nuestros, pero al nanosegundo te la metemos doblada. Gente sin escrúpulos, que les da igual trapichear con drogas que con niñas de 14 años.

Y es que el señor David Cronenberg sabía perfectamente qué es lo que quería enseñar y cómo lo quería enseñar. Al más puro estilo Haneke, nos deleita momentos de calma chicha con segundos o minutos de una crudeza sin igual. El alarde de dirección, tanto de guión como de personajes, a lo largo de esta delicia es simplemente brutal.



Cronenberg en una rara avis en este mundillo. Partiendo de unos trabajos muy personales que rozaban la serie C, se ha hecho un peso pesado en la industria independiente americana.
De unas simplezas de filminas, donde la hemoglobina y el sexo eran parte fundamental de su obra, ha llegado a realizar películas más serias y accesibles al gran público, pero sin llegar a vender su firma de autor. La violencia intrínseca del hombre, el cuerpo y el sexo como fundamento vital,…, siguen estando presentes en su obra.

Nos plantamos en el Londres de los años 2000. Una ciudad caótica, con más de 15 millones de habitantes. Y dentro de ella, nos presentan a una familia rusa perteneciente al clan mafioso Vory V Zakone. 

En primera plana se sitúa el jefe supremo, Semyon, un encantador viejecito dueño de un restaurante (cliché!!!), pero que en el fondo es el más joputa del planeta tierra. Junto a él, destacan su alocado hijo Kirill, y el chofer de la familia Nikolai. Entre los tres se partirán la pana. Habrá fidelidad y puñaladas traperas a partes iguales.


Sin embargo, esto no es la historia de una familia mafiosa. Es la historia de una joven británica, Anna, matrona en una afamada clínica, y su búsqueda por conseguir dar a su verdadera familia a un bebe recién nacido, ya que la madre muere durante el parto.

Su búsqueda le lleva hasta el restaurante ruso, y es aquí cuando todo se complica debido a la existencia de un diario que el “angelito” rubio había escrito durante el último año y medio. En él se desvela toda la corrupción, maltratos y trapicheos varios que Semyon y sus secuaces desgranan día a día.  Como os podéis imaginar, nunca has de meter las narices en problemas de familia, y mucho menos en una de estas. Las consecuencias podrían ser fatales.


No parece que sea una joya de la originalidad, verdad?. Ni pretende serlo. Porque donde gana la película es en mostrarnos la realidad diaria de estos gambiteros. Sin darle mucha importancia, nos muestran el submundo de la prostitución y trata de blancas como pocas veces se ha visto en el cine. Un mundo seco y tirado. No se regodea en ello, pero no desea que lo dejemos pasar de largo. Machotes soviéticos tratando a criaturas como si fueran muñecas rotas.

Y con ello, todos los temas que os podéis imaginar después de leer alguna noticia en los periódicos. Y con una verosimilitud increíble. Realmente piensas que así tiene que ser. Es así como te lo has imaginado. Y no hay grandes saraos ni persecuciones grandilocuentes. Todo se hace por debajo de la mesa y de una manera muy ruin.


Obviamente, el gran trabajo de los protagonistas ayuda a crear esta atmósfera. Y a la cabeza de todos ellos nos encontramos al rey de los humanos: Viggo Mortensen. Hay que reconocer que el cabrito impone respeto. Se calza un papelón de la hostia como Nikolai: duro, discreto y sobre todo resolutivo en las tareas que le encomiendan. No es de extrañar que se gane la confianza de la familia.
Mantiene la tensión de los músculos durante todo el metraje y en ningún momento se le atisba una pizca de debilidad. Aparte de todo ello, se nota a la legua que el señor Mortensen se dio una paliza de gimnasio brutal para estar tan mazao. Vamos, que parece un ruso auténtico.  

 
Al otro lado del espectro nos encontramos con Naomi Watts, esa dulce enfermera en busca de la verdad. El contraste entre ambos personajes y sus encuentros “fortuitos” nos hacen reflexionar entre los contrastes y similitudes de ambos mundos. Tan lejos y a la vez tan cerca. Y es que, aunque parezca mentira, los ideales de ambos no están a años luz.


Por último, destacan los líderes de la banda. Padre e hijo. Respecto a este último, al cesar lo que es del Cesar. Si es Black Swan comenté que Vincent Cassel no estaba muy pletórico en el papel, aquí es que lo borda. Con esa cara de ido de la vida, crea un personaje apabullante. Es el típico hijo cascibano que sabe que va a heredar todo el percal en pocos años. Putero, borracho y drogata hasta la saciedad. No nos lo podíamos imaginar de otro modo, no… .


Pero la sorpresa es el señor Armin Mueller-Stahl. Su rol de Semyon nos ofrece al personaje más joputa desde hace años. Nunca un viejecito había dado tanto miedo. Ojito con él. Su mutación de hermanita de la caridad a psicópata sin sentimientos es increíble. Además, se realiza de una forma armónica. Sin sobresaltos. Y eso todavía da más canguelo.

La ambientación. Los pequeños detalles de las cosas. Todo esto se plasma de una manera sutil pero eficaz en la filmina. Además, hay que agradecer el que no nos metan acción a tutiplén sin ningún motivo. Los momentos de tralla son comedidos pero efectivos. Lo que si se plasma durante los 100 minutos es una tensión que es la puta envidia del 90% de los thrillers actuales.


Súmale una banda sonora “Made in” soviet, y ya tienes la ambientación perfecta. Y no se puede pedir más, os lo juro.

Solo me queda recomendárosla enfervorecidamente. Compraros unas palomitas y enchufárosla en casa que no os va a decepcionar.

Ale. A portarse bien. Sed buenos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

FASTER, PUSSYCAT! KILL! KILL!



Siempre he sentido algo de pánico cuando me he propuesto ver alguna de esas películas llamadas “de culto”. Filminas sin grandes pretensiones ni grandes presupuestos, pero que terminan convirtiéndose en un pepino mediático con el paso de los años. Y es que muchas veces, el boca a boca funciona mucho mejor que la más grandilocuente campaña de marketing.

La catarsis llega cuando te dispones a ver una de estas películas que ni tan siquiera es conocida en tu país. Films que han obtenido su leyenda dentro de los circuitos underground de países angloparlantes. Se supone que vas a vivir un puto momento mágico.


Y a lo que te das cuenta, te estas tragando un mojón colosal. Tampoco entiendo por qué me desgarro la camisa ante esta situación. Como amante de cine de serie B, se de antemano lo que me voy a encontrar. Supongo que me había creado expectativas altas y por eso me dio la bajuna durante el metraje.

Porque Faster, Pussycat! Kill! Kill! (1965) tiene todos los elementos para ser una bizarrada total. Guión absurdo, situaciones raras de cojones, un trio protagonista que raya la paranoia,…, y tetas. Muchas tetas. De esto hablaremos más adelante porque tiene tela (por supuesto, no pude poner ninguna pega a esto último).


Para comprenderlo todo tenemos que fijarnos en el papá de este engendro:  Russ Meyer. Este viejete verde es una de los grandes clásicos en cuanto a sexplotaiton se refiere. Desde sus comienzos para la revista playboy, hasta sus últimas películas, no paro  de percutir en sus pequeños vicios: chicas jamoncicas, persecuciones estilo western, y una historia de ¿¿amor?? rota o destructiva. 

Y lo peor es que el joputa medio consiguió ser famosete con filminas realizadas con cuatro chavos. Claro que si!!!.  No todo el mundo tiene que llegar a ser un  Hitchcock o Ford.

Vayamos al turrón que hay mucho que contar. Agarraos los machos que aquí llega el plot. Se supone que tres pizpiretas muchachas (en algún momento incluso crees que alguna es un hombre), las cuales trabajan como gogós, son en realidad tres ladronas muy peligrosas. Aparte, tienen el mal vicio de hacer carreras ilegales con sus respectivos bugas.


En una de esas carreras, se encuentran a un chaval, hijo de policía, y a su novia, la cual va vestida como si fuera Wonderwoman (¿¿?¿). El manzebo, al ser vacilado, les acepta una carrerita, y obviamente muere en el intento. Como tampoco hay mucho que hacer, nuestras tres gracias deciden secuestrar a la novia para que no se vaya de la lengua.

¿Creéis que aquí se acaba todo?. Pues no. Mientras repostan en una gasolinera se enteran de la existencia de una familia de paletos que deben de estar forrados. ¿Y si les quitamos la panoja?. Por mi bien, no tengo nada mejor que hacer. Pero nos llevamos a la pija de los cojones que hemos secuestrado. Si, si, claro!!!.


Y allí que van. Por supuesto, los encuentros y conversaciones entre la familia “Cletus” y las tres Vixen son para cagarse. Mención especial es la escena de la comida familiar, donde hay hostias, pullas e intento de folleteo a la par. Terciopelo blanco, oiga!.

¿Cómo se os queda el cuerpo?. Bien, eh?. Pues esperad un segundo,  porque vamos a dar paso a las presentaciones de nuestras protas. Les presentamos a Tura Satana, Haji y Lori Williams. Es de chiste que esta película fuera casi su única participación en el mundo del celuloide. Y después de tragarte la peli, te das cuenta del por qué. 


A pesar de todo, lograron convertirse en estrellas del momento gracias a Faster… , destacando sobre todo a Tura Santana. Su papel de reina del cotarro le hizo ganar mucho dinero y fama, y año tras año algunos kilos de más, hasta convertirse en una foquilla terrestre. El papel de chica dura y despiadada le viene al pelo. Sobre todo porque hay momentos en que parece más un camionero de las Pedroñeras que una Pin-up.

Por otro lado, me gustaría salvar a la preciosa Lori Williams. Realmente es la auténtica belleza de la película. Y su rol de chica estúpida pero acida, hace que su interpretación sea la menos cutre de todos. 

Por último, tenemos a Haji, que bien podría haber sido cambiada por un arbusto. Su aportación, aparte de grandes mamellas, es más que nula. Con decidiros que para darle un poco de chicha al papel, el director la convierte en lesbiana…. 

Sin duda, el principal reto de las tres muchachas es ver quien luce mejor sus encantos. No hay escena en toda la filmina en la que no se enseñe garra o pechuga. Y es el que el señor Meyer debía de tener obsesión por el tema.

¿Y el resto del film?. Pues un despropósito. Hay que decir que tampoco está a años luz de otras películas de la época que se llevaron las alabanzas de los entendidos, como el Blow up de Antonioni. Su montaje es alocado, pero deja seguir la historia de una manera más o menos digna.


El gran problema es la cutrez en si. Ya sabéis que soy fan absoluto de lo cutre nice, pero hay momentos en que se supera a si misma. El guión es simple, pero no malo. Sin embargo, los giros sin sentido para que la historia avance que son realmente estúpidos. Si a esto sumas carreras por el desierto que no vienen a cuento, o momentazos estelares de algunos secundarios que son propias de teatro de colegio, te cagas patilla abajo. 

El blanco y negro le da un toque exquisito. Ya hubiera sido la hostia si se hubiera grabado con esos colores degradados de la época, tan propios de las películas de kung fu de los 70s. Pero no pudo ser. La banda sonora al estilo rockabilly también aporta lo suyo.

Pues eso es lo que hay más o menos. Reconozco que a medida que avanzaba la película iba abriendo más los ojos, flipando de lo que estaba pasando. Es un film que no te puede dejar indiferente. Yo he leído que hay gente que la ama, pero por fortuna (o desgracia) no es mi caso.
 
De todas maneras, siempre hay que dar una oportunidad a estas películas de culto. Pero no se agobien. Si quieren cortarla a los diez minutos, yo les comprenderé.


Ale. Sed buenos. Portarse bien.

jueves, 3 de noviembre de 2011

AQUEL RITMILLO (CORTOMETRAJE)

¿Por qué han sido tan geniales el duo Gomaespuma desde hace la tira de tiempo? ¿Por qué fueron mis compañeros de mañanas durante muchísimos años?. El humor absurdo, la improvisación, el saber reírse de cualquiera sin ser excesivamente cabrón,... . Todo ello ha sido y sigue siendo una gran debilidad que tengo.




El hermano de uno de los integrantes de esta magnífica pareja, Javier Fesser, quiso llevar este tipo de humor al fotograma en movimiento. Obviamente, sabemos quien era el gracioso de la familia. Los enredos no tendrían la misma chispa sin los diálogos y ocurrencias de Guillermo Fesser. En muchas ocasiones, el firmante del guión es él.




Sin embargo, Javier tiene un mérito excepcional. Logró desde sus primeros trabajos dar vida y forma a todas esas descacharrantes historias que oíamos en la radio. Supo poner piel a todos los gañanes, tal cual nos los imaginábamos, a partir de las paridas que contaban.
Hoy es un director reputado en España. Incluso tiene en su haber un nominación al Oscar por su cortometraje Binta y la gran idea.

Pero este pequeño homenaje es para sus primeros cortos. Aquellos que mostraban lo que más tarde eclosionaría en esa fumada de filmina llamada El milagro de P. Tinto.

Hoy os dejo su primero cortometraje. Aquel ritmillo (1995), ganador del Goya ese mismo año. En el nos encontraremos casi todos clichés del director: actores mayores con historias que rayan el absurdo, un gusto por los objetos viejos (muy del estilo de Jean Pierre Jeunet), música totalmente fuera de onda,... . En resumidas cuentas: un coctel muy freak.




Pues eso. Disfrutarlo con salud. Sed buenos.

PD: de regalo, este pequeño fragmento de la serie de Telecinco Gomaespuma. Siempre que lo veo me descojono.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

DARKMAN



El cine, como la vida, necesita superhéroes. O al menos, algunos freaks que nos defiendan de amenazas y facinerosos varios. Con esta premisa, que cada uno elija a sus preferidos.
No me cabe la menor duda que mucha gente siente gran simpatía por los personajes clásicos, tales como Superman, Spiderman, Batman,… . Personajes que dibujan a la par un lado poderoso y otro más humano, mostrando de esta manera sus propias miserias. Supongo que por eso son más aceptados incluso. 


Sin embargo, no llegan al estatus de marginados sociales. Los cabrones son guapetes, alguno montado en el dólar; ligan y  chulean de vez en cuando. Les falta un algo para que puedan obtener mi beneplácito. Seres como Hellboy, V o el Vengador Tóxico los tendré siempre más en cuenta que los otros peleles en pijama.
Y en este selecto grupo también entra Darkman (1990). La historia de un hombre desfigurado que clama vendetta por lo que le sucedió. Y la alegría no puede  ser mayor cuando descubres que los escarceos de este cabrón con pintas han sido ideados por un high freak como Sam Raimi. Amo y señor de la trilogía más terroríficamente divertida: Evil Dead.


Conclusión. Una buena historia, con héroe al desuso, se junta con director de cine B. ¿Resultado?. Una hora y media de entretenimiento,  grandes dosis de maquillaje, charcutería gruesa, persecuciones e idas de olla propias del compadre Raimi.
Como todos los antihéroes, su historia comienza con desgracia para transformarse en venganza. Un reputado científico, que trabaja en la creación de una piel sintética,  recibe una paliza de muerte por parte de unos matones en su lugar de trabajo. A pesar de todo, eso les parece un poco gayer,  por lo que deciden petar todo el garito con el doctor dentro. 


Obviamos que queda hecho una mierda, verdad?. Sin embargo, el muy perro sobrevive con condiciones acojonantes: no siente ningún dolor y su nivel de ira puede alcanzar niveles estratosféricos, otorgándole una fuerza fuera de lo normal.
Bajo esa nueva vida, decidirá dar cazas a las ratas turcas que le han hecho parecerse a la duquesa de alba sin maquillar. La  venganza está servida. 

 

Si. Ya lo sé. La historia no es ninguna oda a la originalidad. ¿Y qué?. Me importa un cagarro. Es más. Estás historias clásicas son las que mejor funcionan para este estilo de películas.
Entonces, ¿por qué la película gana enteros?. Porque amamos al personaje. Darkman era un pobre pringao, y ahora es un pobre pringao deformado que decide dejar de ser un pusilánime y echarle dos cojones al asunto.
También le adoramos porque el cabrón puede ser quien quiera ser durante 99 minutos, gracias al invento de la piel sintética. Puede crear caras, manos, etc,…, pero a los 99 minutos esa piel se pudre, mostrando su verdadero rostro. No es un poder al uso, pero mola un huevo.


Ok. Tenemos un personaje con carisma. Una historia de venganza como dios manda. Unos malos de barrio, con su latino, su torpe gordo, etc… . E incluso una novia que daba a su chorbo por muerto para descubrir que no. De momento bien, no?.
Sin embargo, muchos directores crearían un churro de teleserie con todos estos ingredientes. Afortunadamente Sam Raimi ensambla todas las piezas de forma magnífica. No es una obra maestra, claro que no. Pero el director dota el tono perfecto que necesita la película: una mezcla entre humor negro, drama, superhéroes y  aventuras urbanas, muy del estilo de los 90s.
Aparte, muestra ciertos detalles propios de sus películas anteriores: giros de cámara rápidos, cambios abruptos de ángulos con mucho zoom, superposición de planos con predominantes fondos rojos (esto último para acercarnos a la idea de la locura). Todo ello nos aproxima más a una película de serie B.


Con unos efectos especiales más que decentes, y un maquillaje genial (Darkman sin venda queda muy, pero que muy, efectista), el film va a más. Digamos que pequeños detalles hechos desde la artesanía de entonces, hacen que la película sea más querida. Nos parece una hermana pobre de las grandes superproducciones, realizada a base de pelotas y buenas ideas.
Por mí ya está todo dicho. El hecho que los protas sean Liam Neeson o Frances McDormand, no me dice mucho. He visto otras películas donde sus dotes interpretativas son mucho mejores. Aquí cumplen con el papel que la historia requiere. Punto pelota.
El cine necesita superhéroes. Pero por mi, que sigan la estela de este gran Darkman. Les necesitamos.
Ale. Portarse bien. Sed buenos.
P.D: ¿Creéis que Nacho Vigalondo pensó en esta película para sus Cronocrímenes?




miércoles, 26 de octubre de 2011

ANTES DE LA LLUVIA (BEFORE THE RAIN)



Tengo que admitirlo. Me he quedado prendado de esta película. No me esperaba gran cosa, sinceramente. Por muchos premios que tuviera a sus espaldas (incluyendo el León de Oro del Festival de Venecia en 1994), tenía el presentimiento de encontrarme con un bodrio que la “crítica” especializada había alzado al olimpo de obras maestras. No es por nada, pero este año ya me ha pasado unas cuantas veces.

Gracias al cielo me equivoqué. Y tanto que me equivoqué. Antes de la lluvia (1994) es un grandioso canto, o mejor dicho llanto, a la desesperanza. Es todo sutileza, poesía y tristeza. Es una oda permanente al odio. Odio que enfrenta a pueblos y religiones. Pero que  también destruye al hombre en su interior, convirtiéndolos en animales.


Hasta ahora tenía a Underground, de Emir Kusturica, como la película definitiva sobre la guerra de los Balcanes y  sus consecuencias. El tono desenfadado y surrealista de la misma me llegó muy profundo, logrando que comprendiera la gravedad del asunto con una pequeña sonrisa en los labios. A pesar de todo, un halo de esperanza recorría la filmina.
Antes de la lluvia es el contrapeso perfecto. Nos muestra la realidad tal y como fue (o como el director recuerda), y no hay cabida para la alegría, por mucho que nuestros protagonistas se empeñan en buscarla.

La sentencia principal del film resume perfectamente el espíritu del mismo: “el tiempo no muere jamás, el circulo nunca se completa”. Por mucho que nos empeñemos, las cosas seguirán como siempre. No habrá punto final. Incluso después que la lluvia empiece a caer. 

 
Un director novel macedonio, Milcho Manchevski, fue el responsable de parir esta magna obra. Es extraordinario ser testigo del dominio del tempo que tiene sobre la historia. Parece un ritmo lento, pero no es así. El señor Milcho nos dosifica el cuento en pequeñas píldoras para que nunca perdamos el interés. Quiere que nos involucremos con la historia pero también con los personajes. Quiere mostrarnos la realidad de lo que pasa en su país y la realidad entre personas y sus sentimientos. Dejar conocer.

Antes de la lluvia está dividida en tres episodios: Palabras, Rostros e Imágenes. Todas ellas historias de amor cortadas por la violencia de la guerra y el odio que de ella surge.

En Palabras, nos encontramos el relato de un joven monje macedonio con un estricto voto de silencio, que refugia sin que nadie más lo sepa a una pequeña niña musulmana de origen albanés. El amor entre ellos surgirá y nuestro protagonista deberá decidir su futuro junto o sin ella.


Rostros nos traslada de Macedonia a Londres. La joven Anne, se encuentra en una encrucijada. Debe decidir a qué hombre amar: si a su marido o su amante macedonio, reportero de guerra y compañero de trabajo de su agencia. La decisión no será nada fácil.


Por último, Imágenes cierra con maestría esta esplendida película. El amigo fotógrafo vuelve a su Macedonia natal para encontrar la paz que necesita. Aunque también intentará conquistar a su amor de juventud. Sin embargo, se encontrará con una tierra muy cambiada, que incluso le es hostil.


¿Qué decir de cada una de ellas?. Todas tienen su punto. Es posible que la segunda historia nos sea más cercana, porque transcurre en Londres en vez de en una tierra lejana. El dolor que Anne sufre es algo que podemos ver en nuestro día a día, y enseguida nos ponemos en su pellejo. Los escasos 30 minutos de Katrin Cartlidge son para enmarcar.

A pesar de todo, ya sabéis que a mi me va lo raruno. Es por eso que conecté mejor con los dos episodios que transcurren en Macedonia.

El primero es algo más especial por la falta de diálogo del protagonista; obvio por otra parte debido a su voto de silencio. Por eso tiene mucha miga el título del episodio: Palabras. Todo lo que el joven célibe deja de decir por su boca, lo expresa con miradas. Miradas de amor y cariño hacía su pequeña protegida. Y también de arrepentimiento y miedo por el caos que trae consigo al convento. Muchas veces el lenguaje corporal muestra más que un conjunto de ideas expresadas.

Y llegamos al tercer acto. Punto culminante de la filmina. Y lo es por dos motivos especiales: se logra transmitir la “belleza” de una tierra yerma que lleva años en lucha continua, y el ángel que lleva consigo el señor Labina Mitevska.


Seguramente os estaréis preguntando quien es este tipo. Por el nombre obviamente no tendréis ni idea, pero os puedo asegurar que si veis una foto suya en Google, enseguida lo situaréis en dos o tres películas, haciendo siempre de malote del Este.
Sin embargo, aquí cambia de tercio, y se te caen los cojones al suelo por su interpretación.
Despreciando todos los avisos ajenos, vuelve a su pueblo, donde alguna vez se sintió con vida. Aunque lo que se encuentra no es nada halagüeño, intenta ver el lado positivo de la vida y tirar hacia delante. Y es en este intento cuando trata de conseguir al amor de su vida: una bella musulmana.

Lo más mágico de su interpretación es el momento en el que asume su implicación en el conflicto. -Tienes que decidir- le dicen. –Hay que ser de un bando-. Él, como reportero de guerra, dice no implicarse, pero debido a un episodio trágico, finalmente se descubre a si mismo que si que se ha implicado. Y por ello un hombre esta muerto. 


Lo profundo de esta reflexión va más allá de la película. Es una reflexión genérica sobre cualquier conflicto. No puedes quedarte parado. Nos demuestran que, queramos o no, tenemos que tomar partido de ello.

Hay muchas cosas que se me quedan en el tintero, pero sería dar vueltas al mismo torno. Sobradamente esta película entra directa en el top five de lo que he visto durante el año. Os la recomiendo encarecidamente que la veáis. Es una película triste, pero merece la pena.

sábado, 22 de octubre de 2011

BLOOD SIMPLE (SANGRE FÁCIL)



Suele pasar que, ante el visionado de un ópera prima, saquemos las navajas a relucir a atestemos puñaladas sin compasión. O peor incluso. Nos bajemos inmediatamente los pantalones antes el “genio” de turno sin merecerlo en absoluto, debido a cualquier campaña mediática que lleva consigo.

Las cosas hay que tomarlas en su justa medida. Pero, ¿qué sucede si nos encontramos con la película de un novato, y sus consiguientes fallos propios, que trata de innovar un género con patrones muy claros?. Que el experimento queda a medias.
Esta es la sensación que me dio la presentación en sociedad de los hermanos Cohen, hoy auténticos gigantes de la cara más independiente de Hollywood (y a veces, no tan independiente). Blood Simple sale ganando por los puntos, pero no me pareció la película de culto que me trataron de vender.

Ganadora del premio del jurado en el festival de Sundance de 1985, nos encontramos ante un ejemplo de buen cine negro. Sin embargo, según avanza el metraje, los giros del guión, la complejidad de los personajes, y la potencia de las imágenes nos llevan a un mundo interior propio muy alejado de los grandes clásicos de los años 50. Estas características explotarán en su plenitud 11 años más tarde con la maravillosa Fargo, auténtica obra maestra de los hermanos.


Historia minimalista, nos presentan cuatro personajes principales y casi únicos a lo largo del film. El dueño de un bar sureño con agrio carácter, Julian Marty, cree que su mujer Abbie la está engañando con uno de sus empleados, Ray. Sus sospechas le llevan a contratar al detective privado Loren Visser (grandísimo M. Emmet Walsh). Cuando este confirma que el mancebo está cubriendo a su delicada esposa, ciego por la ira, decide que es hora de darle matarile a los dos. Pero no todo saldrá como quiere. A veces, los deseos se tornan en pesadillas.

Partiendo de esta fácil premisa, Joel Cohen nos deleita con una filmina agobiante. Podemos respirar y sufrir el tórrido calor de Texas. El sudor de los personajes nos impregna, como su mezquindad. Desde mi punto de vista, esta es una de los grandes bazas de la película. Dotar al ambiente de protagonismo casi absoluto. 


Pero hay otras cosas a destacar. Las imágenes poderosas de contraluces entre amante y marido son grandiosas. También los planos fijos que, poco a poco, van llenándose de colorido y buen gusto cinematográfico. Por no hablar de toda la escena del coche. El agobio es compañero continuo del protagonista. Parece que el clímax nunca vaya a acabar. Hay escenas que logran estirarse de una manera magnífica sin que se pierda ni un ápice de tensión. No sobra nada. 


Destacar la interpretación femenina no estaría de más. Nos encontramos con una jovencísima Frances McDormand (está hasta buena!) hierática ante los acontecimientos. Podría haber exagerado muchísimo más su personaje, pero logra compensar muy bien sentimientos de dignidad, escepticismo y amor. Es el punto de equilibrio entre los extremos que representan los personajes masculinos: odio, ira y venganza.


Por supuesto no me voy a olvidar de ese auténtico detective privado texano: gordo, sudoroso, xenófobo y cínico. Muuuuuuy cínico. Es la guinda del pastel para los espectadores. El toque más “Cohen” de toda la película. Es un tipo que nos cae simpático por su bonachonería, pero en el fondo sabemos que es un hijoputa y de los grandes. El seño M. Emmet Walsh, secundario toda su vida, borda el papel. 

Entonces, ¿por qué no me ha terminado de convencer?. Porque, a pesa de contener escenas bien trenzadas, el guión se sostiene con chinchetas. Hay detalles un tanto forzados que son metidos a calzador para que la historia salga para adelante. No sé. Es como si estuviera viendo una serie de buenos cortometrajes con una conexión entre ellos tirando a débil. Pistolas que de repente aparecen por arte de magia, pescados podridos,… . 


Al igual que antes hemos destacado algunas interpretaciones, también hay que hacer especial mención a la cara de palo que se gasta Ray durante toda la película. Creo que es el ser más inexpresivo que he visto en mucho tiempo. Cuando el está en escena, la película se vuelve más lenta y aburrida. Gracias a dios, da la talla en la escena del coche, porque sino hubiera sido su entierro profesional por los siglos de los siglos.

Pues eso es todo, señoras y señores. Es probable que todo el comentario les resulte un tanto ambiguo, pero estoy intentando evitar el destripar alguna parte de la película. A veces es bastante difícil dar una opinión sin basarse en algo muy concreto del film. 


Así que no se lo pienses. Alquilarla o descargarla y obtener vuestra propia conclusión. La mía es clara: no fue un mal comienzo pero sus obras posteriores superaron con creces a esta Blood Simple.

Ale. Portarse bien. Sed buenos.

P.D: No he visto todavía el remake que Zhang Yimou ha hecho sobre esta filmina. Tiempo al tiempo.